martes, 5 de marzo de 2019

CREMA PIRI-PIRI

El título de esta entrada lleva a engaño, porque no lleva las conocidas salsas o especias portuguesas. Aunque sí se trata de una crema picante. El piri piri es una variedad de chile muy picante de origen africano, y que los portugueses incorporaron a sus fogones a través de sus colonias en el continente vecino. Aunque si vas a un mercado portugués verás que hay una cantidad tremenda y variada de tal especia y de sus salsas, con incluso diferentes grados de picante.

En nuestra última visita a Portugal hace unos días, al final ni comí nada que lo llevase ni lo compré, entre otras cosas porque entre chile en diferentes formatos, guindillas, salsa siracha y harissa, así como curry verde y curry rojo en pasta, de pique en casa ya vamos sobrados, y es más una predilección del costillo que mía, ya que nuestra tolerancia al picante difiere notablemente.

La cuestión es que sí que llegué a casa con dos antojos y poca cosa en la nevera, tenía ganas de calabaza y de picante, y se me ocurrió hacer esta crema de verduras, que aunque no lleva calabaza, sí es de color naranja, por las zanahorias, y al menos, la sugiere. Vaya, que quien no se consuela es porque no quiere.


La receta fue muy improvisada pero quedó tan rica que la comparto con vosotros y de paso, me la guardo aquí, que es la mejor manera de que no se me pierda una de estas recetas que improviso.

- Poché una cebolleta grande en una sartén, cuando estaba como quería, de decir bien pochadita, añadí tres zanahorias bien grandes cortadas en rodajas, lo mezclé y removí un poco, a los dos o tres minutos añadía media coliflor troceada en arbolitos y lo removí todo un poco.

- A continuación puse estos tres ingredientes ligeramente salteados (salvo la cebolla que va pochada) a una olla, la cubrí de agua, añadí un poco de sal y dejé a fuego 20 minutos desde que comenzara a hervir.

- Una vez cocidos, quité la mitad del agua (que aprovecho como caldo de verduras para otras preparaciones, que aquí no se tirá nada) y dejé la parte restante. También quité una parte pequeña de las verduras.

- La porción pequeña de verduras que aparté las trituré muy ligeramente, para que quedasen en modo tropezones, el resto lo eché a la Thermomix (también se puede hacer con batidora) y trituré hasta obtener una crema bastante líquida, agregué un poco de sal, un poco de pimienta negra recién molida, una pizca de cúrcuma, un poco de aceite de oliva virgen extra, una cucharadita de postre de pasta de curry rojo y una tercera parte (más o menos) de leche de coco en lata, y volví a batir.

- Antes de servir lo mezcé con el resto de la verdura troceada, una vez servido en el bol le puse por encima perejil fresco picado y una rebanadita de pan tostado.

Queda una crema con una textura estupenda y un sabor muy rico, aunque muy picante. La próxima vez le pondré solo media cucharadita de curry rojo.

Las medidas van un poco a ojo, porque fue algo totalmente improvisado, pero cuyo resultado me sorprendió gratamente.

Si la probáis, ya me contaréis, y por cierto, sin picante, también es buena opción.

domingo, 3 de marzo de 2019

FAVORITOS DE FEBRERO

Febrero es un mes corto, anticipo de la primavera, de lo que está por venir, y encima con una semana de vacaciones en lo laboral, la semana blanca malagueña. Ha sido un mes que echado la vista atrás ha dado para mucho, y además el sol nos ha acompañado durante gran parte.

Lo que más me ha gustado de él ha sido:

- Las comidas al sol, especialmente con mi compi E y la llamada sorpresa de un amigo al que hacía más de un año que no veía y que andaba cerca, quedamos para un aperitivo que se juntó con almuerzo y merienda. Esos planes imprevistos valen un potosí.

- Terminé el gorro Patricia del primer tejejuntos del año de Luymou y aunque era para terminarlo para el día de Reyes y yo lo hice un mes depués, quedé muy contenta con el resultado, y a la amiga a quien se lo regalé le encantó.


- He hecho jabón por primera vez, y aunque al principio tenía mis dudas, hice dos tipos distintos y ambos han cuajado bien, ahí andan curándose y esperando poder ser utilizados, tendré para usar largo tiempo y para regalar. He disfrutado mucho con el proceso, tal vez porque sus resultados son más a largo plazo, y a ver si así me voy "curando" de mi inmediatez y de esta intensidad que me caracteriza de querer tenerlo todo para ya.


- A mi insti vino una señora superviviente de la tragedia de Hiroshima y fue un acto muy entrañable y emotivo, que dejó a la mayor parte de los asistentes ojipláticos y boquiabiertos. Vino con su nieta, que nos traducía del japonés. A mí particularmente me emocionó, y me sorprendió que habiendo vivido una tragedia semejante, a tan corta edad, perdiendo a toda su familia, tuviese la energía y el optimismo vital que la acompañan.


- He experimentado la receta de kefta del libro Ma pétite boucherie vegan de Sebastien Kardinal y me han paracido una maravilla, receta y libro.

- He vuelto a leer un libro de Rafik Schami, Sofía o el origen del todas las historias. Su libro El lado oscuro del amor es de mis lecturas favoritas, y ésta no ha sido menos.

- He retomado las ganas de escribir, aunque no lo haga aquí, si estoy volviendo a anotar ideas, ordenado pensamietos y dialogando conmigo misma a través de las palabras que pongo por escrito en un papel.

- Y el mes ha terminado con una pequeña escapada al Algarve portugués, concretamente al interior, a los preciosos pueblecitos de Silves y Loulé, que merecen entrada aparte y que espero poder escribir. A mí visitar cualquier rincón del país vecino siempre me parece un buen plan.

Café DaRosa Silves

Mercado de Loulé

Interior del café DaRosa en Silves

Y un marzo recién estrenado que pinta bien, a ver qué nos depara.




lunes, 18 de febrero de 2019

EL TÉ DE LOS LUNES VII

El título de esta entrada iba a ser algo así como la vida, la muerte y la aceptación, incluso le iba añadir las redes.

Quizás esto no sea más que un divagar o un monólogo conmigo misma.

Hoy es lunes, de vuelta de un finde corto, pero intenso y estupendo, en familia. Me quedan cuatro días para estar de vacaciones, y ayer, de vuelta, estuve callada y reflexiva, y hoy fui a terapia y volví a sacar alguno de estos temas. Sí, voy a terapia, con una psicóloga, de las buenas, en breve hará un año, y voy casi cada semana. Y alguien puede pensar que me está tomando el pelo o como dice algún psicólogo amigo que parece que cronifican alguna enfermedad. Pero yo sé bien que no es así y que tengo en esta cabecita muchos asuntos por resolver, algunos ya resueltos y otros que van por buen camino. Me está costando un pico, sí, pero hay quien va a la peluquería o hacerse las uñas, que está muy bien, pero para mí es una inversión en salud mental. Cuando llevas más de cuarenta años con el mismo discurso y comportamientos repetidos el proceso para cambiarlos también es largo, y a veces, muchas veces, también difícil y doloroso, pero estoy muy contenta con lo conseguido, y por primera vez empiezo a ver el vaso más lleno que vacío.

Un tema recurrente es mi dificultad para aceptar, soy bastante peleona, y hasta hace poco, aunque quizás suene un poco soberbio decirlo, pocas de las cosas que he querido se me han resistido, con esfuerzo, con tesón, he ido consiguiendo mis propósitos, pero ya sabéis aquellos que me leéis, que hay uno en especial que se me ha resistido. Y tengo un serio problema a la hora de aceptar lo irremediable, aunque a veces el único "remedio" que se me ocurra sea seguir golpeándome contra un muro, y hacerme daño y hacérselo a quienes me rodean.

Respecto a este tema, que es de la maternidad, para quien venga nuevo por aquí, siempre he tenido claro (o casi siempre, porque ha habido momentos de dudas) que había líneas que no pensaba cruzar, entre ellos están la ovodonación  y los vientres de alquiler. Y ojo, que esto no es una crítica a quien utilice algunos de estos medios para llegar a su fin, es simplemente que yo, aquí y ahora, no me los planteo, porque me generan un serio dilema ético. Sé lo que se sufre, por experiencia propia, en un tratamieto, y no quiero que otra mujer lo sufra por mí a cambio de 1000 €, y menos aún me planteo alquilar el cuerpo de alguien para que durante 9 meses geste un hijo para mí. Son mis principios, es mi moral y no tienen que coincidir con los tuyos. Toda esta parrafada viene porque aún hay mucha gente que me dice que no me he hecho las sufientes fivs (la frase suele ser "una es muy poco", pero olvidan que yo he tenido 3 embarazos malogrados), también oígo a veces que por qué me rindo, que aún me quedan "cosas" (sí, usan esta palabra) por intentar. En estos días he escuchado dos podcast de Cristina Mitre que me han hecho mucho bien al respecto, y he aprendido el concepto de "rendición activa" que consiste básicamente en plantarte y decirte "hasta aquí hemos llegado", porque por poder, podría seguir mucho tiempo dándome cabezazos, pero hasta ahora por ese método creo que no se puede tener un bebé. Y luego está también saber que "cada uno de nosotros somos expertos en nostros mismos", por tanto lo que a ti te hace bien, no necesariamente es bueno para mí.

Estaréis pensando que qué tiene que ver todo esto que estoy contando con la vida, la muerte y la aceptación. Igual nada, pero para mí sí que hay una ligazón, un nexo. Y es que la vida es casi un milagro, es un ciclo de la naturaleza que además va irremediablemente ligado a la muerte, la una no existe sin la otra. Y yo, que he sido muy consciente de mi miedo a la muerte, a la mía y a la de quienes me rodean, que me ha costado siempre un mundo aceptar la muerte de amigos, familiares y seres queridos, no me había dado cuenta hasta ahora de que he querido por otra parte controlar siempre todo (siempre y todo, qué palabras, por cierto), y eso es un imposible, por más que lo intente no está en mi mano. Durante un largo período de tiempo no he sido capaz de dejar que las cosas fluyeran, que fuesen como debían, que cada cosa llegara cuando debía, ilusa de mí, pensando que todo es controlable, cuando no es así. Una amiga que ya no está me decía que "la vida te cambia en un segundo" y es cierto, aunque nos pese y nos duela.

Mi miedo y mi falta de aceptación para con la parca, viene de lejos, de mis 14 años, cuando en un periodo de año y medio, con una diferencia casi exacta entre todas las pérdidas, fallecieron por este orden, un primo de mi padre con treintaytrés años, y un tío a quien adoraba, ambos en accidente de coche (sí, también tengo miedo a conducir) y mi abuelo de una enfermedad fulminante. De ninguno me pude despedir, aunque dos de ellos sí lo hicieron de mí.

Luego han venido otras muertes incluso más difíciles de entender, un amigo de la infancia en accidente laboral, mi amiga Luisa, con un año menos de la edad que yo tengo ahora, mi prima, pocos años menor que yo, y el curso pasado todo esto se reavivó con la muerte por suicidio de un exalumno con apenas veinte años.

Voy a parar aquí, porque no quiero poner mal cuerpo a nadie, pero desde el inicio del año también ha habido algunas historias similares en mi entorno de amigos, que han perdido a sus padres casi en un suspiro. Tan real eso de que "la vida te cambia en un segundo", y yo no sé si tengo un exceso de empatía o qué pero lo sufro y lo paso mal, y entonces me sigo dando cuenta de que no estoy preparada para aceptar algo así, lo que a mí me parece inaceptable, y me cabreo y me enfando, contra algo que es también inevitable. También es cierto que en nuestro mundo, en nuestro entorno, y más aún en el mío, la muerte es un tabú, de ella se habla poco o nada, y no la vemos como una parte (la última) del ciclo natural de la vida.

Yo digo a veces "me gustaría tener fe" porque tengo la sensación de que quienes son creyentes aceptan mucho mejor el duelo, pero yo no lo soy, y no me voy a convertir de la noche a la mañana. Quizás no sea tanto una cuestión de creer o no, sino de aceptar o no.

¿Y por qué dije al principio estas líneas lo de incluir las redes? Porque las redes (mi favorita es Instagram) nos muestran la mayor parte de las veces imágenes idílicas de vidas estupendas, pero también otras, y cada vez más, me ofrecen una imagen de solidaridad entre gente unida por una comunidad virtual. Las redes suponen en cierto modo, la unión con gente con tus mismos intereses. En la vida real uno no puede (normalmente) elegir con quien trabaja, quién será su vecino del quinto o con quién coincidirá en la cafetería a la hora del desayuno. Pero en este mundo de las redes al final acabas haciendo amigos con personas a quien le gusta lo que a ti, porque buscas cuentas sobre ello. Y a menudo esos lazos traspasan las redes y acabas haciendo amistad y cogiendo cariño a mucha de la gente que está al otro lado de la pantalla. Y aunque a quienes tenemos la suerte de estar acompañados (por familia, pareja, amigos...) nos pueda parecer extraño hay gente que está muy sola, o que se siente así en determinados momentos, y quizás en esas ventanitas que son nuestros teléfonos, nuestras tablets o las pantallas de nuestros ordenadores pueden encontrar un consuelo. Y por eso, aunque a veces me lo he planteado, no voy a dejar las redes sociales, simplemente trato de gestionarlas cada vez mejor.

En contra de lo que pueda parecer hoy he tenido un lunes bueno, pero me ha dado por pensar en todo esto.

Si habéis llegado hasta aquí, solo espero no haberos aburrido mucho.

Feliz semana.

Imagen de Internet






miércoles, 13 de febrero de 2019

FAVORITOS ENERO

Llevo tiendo queriendo retomar esta sección, y con alguna idea que otra sobre enero guardada por aquí, pero me ha faltado tiempo, y reconozco que a veces, también ganas. El empujoncito me lo han dado hoy Remorada y Begobolas al publicar los suyos, y tener la tarde libre, también ayuda.

Enero no es un mes que me guste especialmente, además por aquí vino acompañado de un frío húmedo bastante desagradable, pero también nos dejó días y tardes de sol maravillosas que hemos aprovechado bien en paseos con Nanette.

Lo mejor de mi enero ha sido:

- Empezarlo en familia, hacía tiempo que no me reunía con toda (la extensa) para celebrarlo, como cuando vivía mi abuela, y este año lo hemos hecho, y aunque tenía mis reticencias fue estupendo. Además, nos vamos haciendo mayores, todos, y hay que aprovechar estos momentos.

- Leer, o quizás más bien descubrir, a Virginia Wolf a través de su libro La señora Dalloway ha sido estupendo.

- Enero también me trajo una mañana estupenda con dos amiga y compañeras, nos regalamos tiempo, salimos a caminar temprano por la playa y desayunamos frente al mar tomándonos mucho tiempo (y no como en nuestros recreos).

- Sacar ratitos para tejer con las circulares, que me está gustando mucho.

- Haber visto la temporada 10 de RuPaul, aunque ahora tenga que seguir esperando la siguiente.

- El hallazgo de un restaurante estupendo, Sunshine Vegan Café, con unos platos y atenciones maravillosos.

- Encontrar en mi buzón un bonito gorro y unos mitones morados a la vuelta de las vacaciones navideñas.

- Ver en Netflix el monólogo de Hannah Gadsby llamado Nanette (aviso que nada tiene que ver con mi perrita), os lo recomiendo muy mucho, es un imprescindible que estoy deseando poder ver con mis alumnos de mayor edad algún día.


Febrero se me está pasando en un suspiro, así que ya volveré para hacer balance y contar qué tal fue.


martes, 29 de enero de 2019

OTRA DE POTINGUES DE UNA BEAUTY VAGA

Hace algún tiempo hice esta entrada sobre mis descubrimientos potinguiles, y os hizo gracia y os gustó a partes iguales, y aquí estoy de nuevo para contaros mis últimos hallazgos en este sentido.

Voy a empezar con este trío de ases de Lush que ya lleva un tiempo formado parte de mi rutina, y que son el champú sólido Trichomanía, que va genial para mi pelo seco y rizado, compro un trozo del tamaño que veis en la foto, pido que me lo corten en dos, uno para casa y otro que llevo en su latita a la piscina, huele fenomenal, cunde mucho, ahorro espacio y plástico y deja mi pelo ideal y sin que me pique el cuero cabelludo.

El tónico Eau Roma Water creo que ha salido a en alguna entrada, para mí se ha vuelto un básico imprescindible, lo cambié por un tiempo por otro similar de la marca Abril pero no me convence (aún me queda un poco y lo estoy tratando de gastar). Me deja la piel muy bien tras la limpieza y tiene un aroma suave y relajante. Además tiene un precio muy bueno.


Y mi limpiador facial preferido, el Let The Good Times Roll, viene en un cómodo formato, tiene una textura increible, un olor muy rico y deja mi cara estupenda por las mañanas para recibir potingues posteriores.

La única pega que le pongo a estos productos es que no hay establecimiento de Lush ni donde vivo ni cerca, y no siempre me compensa lo que hacer un pedido en la web, así que aprovecho siempre para reponerlos cuando viajo.


Siguiendo con el rostro, agradezco a Diana, de Entre brochas y paletas, que recomendara esta bruma facial de Freshly Cosmetics. He de decir que al principio no me pareció para tanto y la veía algo cara, pero la tengo desde octubre y aún me queda y la calma y el buen tono que aporta a mi piel bien lo merece. Combino el tónico anterior y esta bruma y lo cierto es que estoy muy contenta con el resultado. Hay noches que tras la limpieza no pongo nada más que esta bruma y al día siguiente mi piel aparece con muy buen tono.


Vamos con los ojos, siempre estoy cambiando de máscara de pestañas y muy pocas me acaban covenciendo mucho tiempo, tengo unas pestañas larguísimas pero casi invisibles (por finas) y muy escasas. Vi esta de L`Oreal en el blog de alguna chica y en cuanto pasé por un Primor me hice con ella, tiene un precio muy adecuado y me va estupendamente, me da mucho volumen, como anuncia su nombre, así que estoy repitiendo con ella.


En cuanto a hidratación, de manos particularmente, me encanta esta crema, que es de Lidl y que no sé si hay en Lidl España, aunque espero que sí. La compré en un viaje por Europa en invierno, con mucho frío, tenía las manos peladas y entré en el primer sitio que vi y compré esta crema. Me regeneró las manos enseguida, pero me parecía muy densa, sobre todo para este clima y estas latitudes, pero con el frío la he vuelto a rescatar, me la pongo antes de dormir y está en las últimas. Así que espero encontarla en una próxima visita a Lidl.


Aprovecho que estoy con las manos para continuar con estos dos esmaltes de uñas. Aviso: me pinto las uñas muy pocas veces, pero cuando lo hago me gusta que me dure y no se queden desconchadas al primer movimiento. Para colmo soy bastante torpe con esta labor, pero con estos dos pintauñas es muy fácil, primero porque tienen un pincelito pequeño que va muy bien para que me pinte la uña y no el dedo, y luego porque seca rapidísimo, así que no tengo que estar mucho rato quieta esperando, y si encima  y debajo de la capa de esmalte ponemos una de base transparente el resultado será bastante duradero. Y ninguno de los dos llega a los 3 €. Uno es de Rimmel y otro de Maybelline, que creo que en la foto no se aprecia.


Y el útimo de estos hallazgos es el bálsamo labial Rêve de miel de Nuxe, es muy denso y huele muy rico, es bastante untuoso y no lo veo para estar aplicándolo en la calle, pero aplicado por la noche antes de dormir (como la crema de manos) regera muchísimo los labios. Me lo ha regalado una amiga, porque tenía los labios muy quemados por el frío y ya ni el Carmex ni la barra de Eucerín me hacían nada,  y este tarrito de Nuxe ha sido una cura fantástica.


¿Qué usáis vosotros? ¿Algún producto que merezca la pena compartir o conocer? 


viernes, 25 de enero de 2019

MIS MEJORES LECTURAS DE 2018

2018 ha sido un año bueno en cuanto a lecturas, no por cantidad sino por calidad, ha habido muy pocas cosas de las que he leído que no me hayan gustado. Empecé a esbozar esta entrada pensando en el título de mis 5 lecturas favoritas, pero era una cifra que se me quedaba corta, y si este es mi espacio quién soy yo para ponerme límites, así que aquí van esos libros que más he disfrutado, por diversos motivos, a lo largo de este pasado año. Conste que no suelo incluir aquí ni lecturas de trabajo, ni sobre nutrición o recetas o en francés para mi formación.

1- Cometas en el cielo. Khaled Hosseini. 

Es ya una lectura que tiene sus añitos, yo había visto la película y este era uno de esos libros que llevaba tiempo en el Kindle, hasta que un día me animé, y la disfruté mucho, a pesar de su dureza. Básicamente narra la historia de Amir y Hassan en el Kabul de la década de los 70. A mí me parece une lectura imprescindible y actual, fue llevada al cine por Marc Foster, con este mismo título, por si os da pereza el libro, siempre os quedará la peli.

2- Voces de Chernóbil. Svetlana Alexievich. 

Una lectura dura, y a veces escalofriante. Es más una crónica periodística, una serie de relatos basados en la entrevista que la autora hizo a supervivientes de esta conocida tragedia nuclear. Pone los pelos de punta, pero es una lectura, a mi juicio, bastante necesaria para esclarecer lo que allí ocurrió y determinar responsabilidades, pero no es una lectura agradable.


3- El monarca de las sombras. Javier Cercas. 

Me parece raro hasta a mí, pero nunca había leído nada de Javier Cercas, empecé con Soldados de Salamina, que me encantó, y después no pude resistirme a continuar con esta, que sería casi una segunda parte de aquel. Ambas me gustaron, pero esta lectura me removió muchas cosas personales. Extraordinaria.


4- El color de la leche. Nell Leyshon. 

Un libro sorprendente y diferente desde el principio. En su momento escribí esta reseña. Y mi amiga Espe, esta otra.

5- El año del pensamiento mágico. Joan Didion. 

Si hay un libro que me conmovió es este. No es un libro fácil, trata sobre la dificultad para aceptar las tragedias que sobrevienen sin que lo esperemos, sobre superar la pérdida, los cambios, y lo cuenta a raíz de su experiencia tras la repentina muerte de su marido. Grande Joan Didion.


6- Ordesa. Manuel Vilas.

No sé qué voy a decir yo de Ordesa que no se haya dicho ya. Es el mejor libro de 2018 según Babelia, y en mi ranking particular también está el primero, compartiendo espacio con otros dos que aún no he citado. Desconozco por qué edición va ya, pero son muchas. Ordesa es al mismo tiempo una memoria íntima de la España de la Transición y del propio autor tras la muerte de su padre. La prosa de Vilas es de una belleza tremenda, y el libro tiene momentos en que es como estar en la cabeza de alguien que no deja de pensar paridas, esos pensamientos automáticos, a veces molestos, que uno quisiera eliminar pero están ahí con ese run run, y Vilas nos acerca a los suyos.

7- Prohibido Nacer. Trevor Noah. 

Se anuncia como unas memorias del racismo en clave de humor, y vaya si lo son. Yo, que soy de las que piensa que ningún tema es tan serio como para no poder hacer humor negro con él, sobre todo desde el respeto y si lo hace uno sobre sí mismo. Con este libro me he divertido muchísimo, a pesar de las situaciones tan duras que vive el protagonista.

Os dejo solo un fragmento (de tantos) que me gustó mucho:

"Nelson Mandela dijo una vez: `Si hablas con un hombre en un idioma que él entiende, eso le va a la cabeza. Pero si hablas con él en su idioma, eso le va al corazón´. Y que razón tenía. Cuando haces el esfuerzo de hablar el idioma de otra persona, por mucho que solo sean frases básicas sueltas, lo que le estás diciendo es `Entiendo que tienes una cultura y una identidad que existen fuera de mí. Te veo como a un ser humano´".


8- Las tres bodas de Manolita. Almudena Grandes. 

Junto a los dos anteriores, forman parte de lo mejor de este ranking particular. De Almudena Grandes no he leído nunca nada que no me gustase, pero este libro es de lo mejor, a falta de que lea aún Inés y la alegría y los pacientes del Doctor García. Menuda saga la que está escribiendo sobre la Guerra Civil. Poco más que decir, muy fan de Almudena.

9- Intemperie. Jesús Carrasco. 

Es el debut literario de este extremeno que vive en Sevilla. Y ha sido un debut por la puerta grande.
A mí la novela, como con El color de la leche, me genera reacciones contradictorias, está genial escrito, en un tiempo y un espacio que el lector desconoce, pero puede intuir, con unas descripciones magníficas y te mantiene en tensión todo el tiempo. Pero no es una historia agradable. Y no digo más, salvo que por momentos lo he pasado mal leyéndola, pero no podía dejar de hacerlo. 

La culpa es de mi amiga Eva, que estaba fascinada con su lectura y un día lo dejó en mi taquilla y no pude resistirme. 


Hasta aquí mis recomendaciones personales. ¿Habéis leído alguno? ¿Alguna sugerencia como lectura de este recién estrenado año lector? 

 


lunes, 7 de enero de 2019

MIS 44 COSAS DE 2018


En la news que recibo de Andrea Amoretti ella hizo una lista con sus 42 (son los años que ella cumple) de 2018, como son 44 los que me cayeron a mí el último día del pasado año, me dio por ir escribiendo esta lista, que cuando voy a empezar esta entrada aún no están completas, pero voy completando, y a ver qué sale. Me gustó la idea.

1- Nadar. Me repito, pero he disfrutado mucho de ello y he sido muy constante.

2- Empecé una terapia (psicológica) que me ha ayudado a cambiar muchas cosas, aunque no ha sido fácil.

3- He cosido prendas para mí.

4- Aprendí a tejer con circulares (Gracias a los talleres de Lucía).

5- Me he mantenido bastante activa, a pesar de una lesión de rodilla que me lo puso difícil.

6- Aprender y experimentar muchas nuevas recetas veganas.

7- Descubrir blogs como el de Lo en las Nubes , Veganizando y Piedras Blancas.

8- Poder asistir a varios talleres de cocina.

9- Viajar: conocer este verano cuatro países diferentes (o un pequeña parte de ellos).

10- Descubrir Ceuta (donde pasé unos días fabulosos).

11- Atreverme con Bella del señor, que llevaba muchos años queriendo leer.

12- Terminar de leer la saga de Harry Potter.

13- Hacer el precioso bolso de Doctora Botones.

14- Conocer la pintura de Cristobal Toral.

15- Volver a disfrutar de pasear por donde vivo.

16- El costillo aprobó las opos (aunque sin plaza, pero prontó empezará a trabajar).

17- Mis sobris pasaron por primera vez unos días solas (sin padres) en casa con nosotros.

18- También fue la primera vez que visité un parque de atracciones con el costillo.

19- Nanette llegó a nuestras vidas y nos robó el corazón.

20- He conocido el pueblo donde nació mi abuela materna.

21- Muchas lecturas sobre nutrición.

22- Ir aprendiendo a tomarme las cosas con calma.

23- Aprender a ponerme en mi sitio (y los demás que estén donde quieran estar).

24- Descubrir el Lady Grey como uno de mis tés favoritos.

25- Transformar patatas y zanahorias en un delicioso queso vegano.

26- Aprender a hablarme y a tratarme con cariño, como lo haría con el resto de personas a las que quiero.

27- Devorar las dos temporadas de The Sinner.

28- Hacer velas bonitas por primera vez y regalarlas.

29- Reencuentros con personas estupendas que cosiguen que no pares de reír.

30- Volver a usar mi perfume favorito de todos los tiempos.

31- Aceptar y saber posponer lo que no puede ser ahora.

32- Disfrutar dos días a la semana de mis desayunos con mis E.

33- Emocionarme escuchando La Bohème tras la muerte de Aznavour.

34- De paso recuerdo que pasé una noche oyendo a Chavela en bucle cuando se marchó.

35- Conocer una revista maravillosa, Flow, en su versión francesa (Gracias Conchy).

36- Apuntarme a un intercambio de libros y recibir solo uno (que la gente se te apunte, pero luego no cumpla, eso es lo peor). Eso sí, el único recibido es de una exalumna (cosas de la vida).

37-  Disfrutar de una de las series más entrañables que he visto nunca, Team Chocolat (y hacerlo en su v.o. en flamenco, con subtítulos, obviamente).

38- Volver a visitar pasados 29 años el chalet de mis tíos donde pasé algún que otro verano de mi infancia (y que la gente que lo habita te acoja estupendamente).

39- Ver a Tomasito y a Wyoming cantado "Bella Ciao" en el Intermedio.

40- Celebrar una década junto al costillo (riendo, llorando, compartiendo, superando, luchando, viajando, soñando...).

41- Que una amiga te envíe por correo el estupendo libro (el suyo) de Historia del Arte con el que estudiaste. 

42- He aprendido a descargarme de responsabilidades que no me correponden.

43- También se fue Forges, otro grande, y yo recuperé unas viñetas que utilizo en clase.

44- Aprender que la vida es un regalo.

Y hasta aquí lo que ha salido de esta cabecita.

A quienes me leéis desearos un año 2019 sereno y en calma.

Un abrazo.