sábado, 12 de marzo de 2016

SOBREVIVIENDO A LA INFERTILIDAD I


Lo que me pasa también se llama infertilidad, aunque haya conseguido tres embarazos.

Aunque la definición de infertilidad es la de no poder llevar a cabo un embarazo, también se aplica a quien como yo (o como nosotros) no ha podido llevar una gestación a término. Cierto que la situación es diferente y las pruebas que nos realizan (en gran medida) también lo son.

Cuesta mucho llegar a definirte como infértil (o al menos a mí) pero a las cosas hay que llamarlas por su nombre y coger el toro por los cuernos. Y os cuento todo esto porque 4 ciclos después de mi último aborto creo estar en buenas manos, pero las pruebas a las que me estoy sometiendo en estos últimos tiempos me tienen un poco cansada, y en el día de hoy necesito un desahogo.

Últimamente, y con tanta visita médica me he visto obligada a contar de nuevo toda mi historia, desde que comenzamos hasta ahora. Lo cual resulta bastante agotador, pero es necesario hacerlo con cada nuevo profesional que visito. A veces incluso me cuesta acordarme de determinadas fechas, supongo que como un recurso para poder tirar para delante mi mente (más lista que yo) tiende a ocultarlo en un rincón. Así que he pensado que esto me puede servir a modo de resumen y como ejercicio de liberación.

A ver os pongo en antecedentes:

Poco antes del verano de 2011 con un traslado evidente a la ciudad donde ahora resido en la que me dieron mi plaza definitiva tras mi primer año como funcionaria en prácticas, el costillo y yo empezamos a hablar de la posibilidad de buscar un embarazo, no era algo inminente pero quería acudir a un ginecólogo que me hiciera una revisión bastante completa (más allá de la citología rutinaria de cada año) y exponerle mis dudas. También quería auyentar miedos, dado que mi prima había fallecido en septiembre del año anterior como consecuencia de un cáncer de ovarios fulminante que descubrió cuando trataba de ir a por su primer embarazo (esto me dejó bastante tocada). En fin, que acudí a una ginecóloga en Granada (donde vivía) por recomendación de una compañera, me hizo un examen bastante completo y me dijo que estaba bastante bien y que no tenía que tener prisa (aún era joven) que cuando lo tuviera claro fuese a consulta para que me recetase ácido fólico.

En todo esto considero que hubo dos errores: 1) no era joven (tenía 36 años) y 2) tenía útero septo y no lo vio.

Con esta tranquilidad nos vinimos a esta ciudad, pero no fue hasta marzo de 2012, ya asentados aquí que decidimos dejar los métodos anticonceptivos y empezar a probar suerte. Pasaban los ciclos y la suerte no nos acompañaba (y por supuesto yo no tenía ni idea ni de cuando ovulaba ni cuáles eran mis días fértiles). En esas estábamos, cuando tras unos 9 o 10 meses de búsqueda y tras varios problemas de salud a mí me detectaron cálculos en la vesícula y me tuve que operar y tuvimos que detener la búsqueda, durante las pruebas y antes de la intervención, y luego por recomendación del cirujano, que me recomendó esperar entre 6 y 9 meses para volver a buscar por el tema cicatrices (fue una laparoscopia) y recuperación del abdomen. Creo que esto último fue otro error y no debimos esperar tanto.

En fin, más o menos pasado ese tiempo comenzamos a intentarlo de nuevo, y esta vez llegó al 4º intento. Estábamos felices y contentos tras nuestro positivo y las betas que nos confirmaron que todo iba bien (ya que me hicieron dos para confirmar que se duplicaba). Así llegamos hasta la eco en que vimos que había latido y nos entusiasmamos al ver a esa cosilla minúscula latir dentro de mí. Así que nos fuimos de puente (de la Inmaculada) y lo contamos (inocentes) a familia (padres y suegros) y amigos.

A la vuelta acudí a hacerme la prueba de la glucosa y ese mismo día empecé a manchar. Era poquito y no dolía pero para quedarme tranquila fui a una clínica donde me podían ver, que no era la mía habitual, pero hacía unos meses allí me había hecho una revisión y la ginecóloga en cuestión, aunque no lleva embarazos aceptó verme. Esa misma doctora hacía unos meses en dicha revisión también me dijo que estaba todo bien y que aún era joven (por segunda vez tampoco vieron el útero septo). El día que aparecí por allí manchando no se lo deseo ni a mi peor enemigo (aunque no tengo), fue bastante desagradable porque me subí al potro, me puso el ecógrafo y nos decía a mí y a mi costillo "creo que se ha parado, no sé...vosotros observais movimiento, sí sí, hay un poco, pero creo que es reflejo de la madre, pero esto se ha parado, tiene toda la pinta, ¿vosotros que creéis?". Nosotros no dábamos crédito, yo lloraba y me moría de la pena allí mismo, me dijo "no pasa nada, es normal, pasa muchas veces, y eres muy joven aún, no te preocupes, anda baja de la camilla". Afortunadamente la enfermera (una chica muy jovencita) tuvo mucho más tacto y me dijo que no me moviera, me trajo clínex y un vaso de agua y me consoló un poco, y la doctora me dio unos papeles para que firmara un consetimiento y acudiera al día siguiente a hacerme un legrado, cuando no me confirmó si se había parado o no, es más, puso en el informe (que estaba por escrito) "posible" (toma ya) ausencia de latido".

Sé que os puede parecer a quienes me leéis que "parecíamos tontos" pero realmente nos vimos tan desamparados que no sabíamos qué hacer. A todo esto yo tenía que volver para el insti, llamé a quien era la jefa de estudios (y amiga) y le conté lo sucedido. Me dijo que me tumbara en casa, me quedase tranquila e intentara conseguir que me viera mi ginecólogo o cualquier otro. Así lo hice, llamé a mi clínica habitual, conté lo sucedido en consulta (ellos me habían mandado a donde acudí porque ese día no tenían ginecólogo) y me dijeron que el ginecólogo que me llevaba me vería en dos días. Intenté quedarme tranquila en casa, no me dolía, no había sangre, para acudir a otra consulta al día siguiente, pero no hubo tiempo. Me despertó muy temprano un dolor muy fuerte y un sangrado abundante, cogimos el coche y nos fuimos esta vez, directamente al hospital (Quirón), allí tras una larga espera en un sillón, con un dolor y sangrado bestial y rodeada de embarazadas, me atendió una doctora muy joven y con mucho más tacto que la del día anterior. Al principio, a pesar de la sangre y el dolor no lo daba todo por perdido, al comienzo de la eco vio saco gestacional, embrión, e intentó darme ánimos, para unos segundos después decirme que no, que se había parado y que allí mismo me iban a ingresar para someterme a un legrado.

Lo que vino después os lo imagináis, lo que seguro que no imagináis es que tras casi dos horas sentada en el mismo sillón me pasaron a una habitación (según ellos la única que tenían) repleta de cunitas y con un ruido insoportable (por unos aparatos) en la planta de maternidad. Esa misma noche me dieron el alta y me volví a casa, en un estado que no quiero recordar, porque aún mientras escribo estas líneas no puedo dejar de llorar. La única persona que se disculpó conmigo por esta habitación llena de cunas y con tanto ruído fue una enfermera mayor que vino a ver cómo me encontraba antes del alta.

Me he preguntado muchas veces si hubiese podido hacer algo más, si esa noche en lugar de quedarme en casa como todos me recomendaron hubiésemos cogido el camino y nos hubiésemos largado al hospital. La respuesta de los profesionales es que no, que no habría salido adelante (ahora, después de lo que me ha sucedido después también yo lo pienso), pero durante mucho tiempo me atormentó.

Sobra decir que llegué hasta aquí y de los cuatro ginecólogos que me habían visto (la de Granada, la mujer sin tacto que me hizo la revisión y que me atendió cuando manchaba, la gine de Quirón que me practicó el legrado y el ginecólogo que llevaba mi embarazo) ninguno había detectado aún mi útero septo.

De esta pérdida es obvio que se enteraron nuestros respectivos padres, mi hermana (y hasta mis sobrinillas), y los amigos más íntimos. Ellos quisieron consolarme, pero durante mucho tiempo no quise verlos. Fue mi costillo a quien le tocó llamarles para comunicárselo porque yo no podía soportar que llamasen o mandasen mensajes preguntando cómo iba, el embarazo, claro.

Esto ocurrió en diciembre de 2013, teníamos reservado un viaje a París en navidad, que finalmente hicimos, a París yo le llamo la ciudad donde siempre soy feliz. Logré salir de mi ensimismamiento y volver a sonreir, y a la vuelta pasé con mi familia el fin de las navidades, y mi cumple, el 31 de diciembre, soportando (y haciendo de tripas corazón) bromas de mis primos y tíos sobre que se nos iba a pasar el arroz o si sobre mi costillo servía o no para estos menesteres. Sé que no lo hacían con mala intención, ellos no sabían por lo que acababa de pasar, mis padres, hermana y cuñado sí, y nadie intervino en mi ayuda. Ese fue mi 39 cumplaños, y el útlimo que pasé con ellos, a partir de ahí decidí que rompería esta tradición (la de celebrar con ellos mi cumple en nochevieja) , porque la familia es la familia, y se supone que estas fechas hay que pasarlas con ellos, pero yo he decidido que no. Yo ya tengo mi familia, aunque ellos no lo entiendan, porque mi costillo y yo, con niños o sin ellos, ya lo somos.

Como veis, lo de ser escueta no va conmigo, y además me estoy pegando una llorera del copón (si me permitís la expresión) sacando todo esto. Así que dejo para próximas entregas el resto.

Gracias por estar ahí y "escucharme". Hoy sábado tuvimos que madrugar, y en el día hemos ido y vuelto a Sevilla, sin decir nada ni a familia ni a amigos. He elejido allí una clínica y un buen profesional que me ha devuelto la esperanza (al que he tenido que esperar tres meses para ver). Hoy tenía analítica hormonal y ecografía para recuento de folículos. Pero para ir por orden mejor os hablo de esto en orden cronológico (ya salió mi vena de historiadora).

*La imagen que ilustra el texto la he sacado de la red.


7 comentarios:

  1. El tacto deberían exigirlo con cada título o puesto de trabajo... sigo leyendo la continuación :*

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    1. Pues sí, sobre todo a quienes trabajamos con personas, que reconozco que yo también tengo algunos compañeros que dejan mucho que desear en este sentido. Un besote, guapa.

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  2. Desde luego, hay médicos (bueno, aquí incluyo en realidad a todo el personal sanitario en general) que son de bofetón. Digo yo que no cuesta tanto tener un poquito de tacto con la gente, que para ellos tratar cualquier cosa es el pan de cada día, pero a la mayoría de nosotros se nos hace un mundo todo esto... Me alegro de que te hayas animado a contar tu vivencia, y además con esa vena de historiadora, jeje. Seguro que te vendrá bien soltarlo todo, aunque te pegues la pechá de llorar... Muchos besos, guapa.

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    1. Sí que ha venido bien soltarlo, y se agradece vuestro apoyo al otro lado. En breve te veo. Un beso.

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  3. ir al médico no suele implicar nada bueno, pero todo se haría más fácil si todos pusieran empatía, supongo que algunos prefieren ser más fríos para no sufrir por la cantidad de casos que ven, pero desde el punto de vista del paciente se agradece la humanidad :(

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    1. Y tanto que se agradece, reconozco que con mi largo historial, desde niña, yo he tenido bastante suerte, pero en los últimos tiempos se está compensando la balanza. Un besote, que sé que tú también estás con tus pruebas.

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  4. Ains. Cuánto lo siento! 😢. Ya sabes que yo viví lo mismo y los sentimientos son tan parecidos... al final se consigue pero siempre queda ese algo que nos 'dejamos en el camino' .

    Un abrazo fuerte.

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