domingo, 23 de agosto de 2015

VACACIONES DE VERANO VI


Maravillosa, Saint Sernin.

Llegamos a Toulouse el 13 de julio, el día antes de la fiesta grande de los franceses, de su fiesta nacional, así que la ciudad nos recibía engalanada para la ocasión. Esta ciudad estaba en nuestros planes por varios motivos, las ganas de conocerla, ya que tenemos unos amigos aquí (Estepona) que suelen ir cada verano (visitas familiares) y nos habían recomendado visitarla, es la cuarta ciudad mayor de Francia y además, estaban las ganas de reecontrarme con alguien. El año de mi llegada a mi centro actual trabajé con dos auxiliares de conversación majísimos, uno de ellos de Arcachon, ciudad que ya visitamos, aunque a él no pudimos verlo puesto que reside actualmente en Estados Unidos (cosas del amor), bastó con conocer su patria chica y le enviamos una postalita desde allí. Y M. una chica de Toulouse con quien hice muy buenas migas y con la que he seguido en contacto, aunque sin verla durante estos más de tres años. Ha sido un placer volver a verla, conocer a su chico y festejar con su familia el 14 de julio acudiendo a los fuegos artifiales junto al Pont Neuf para después tomarnos algo juntos y aprender de primera mano sobre esta ciudad y su gente. (Entre otras cosas su pasión por las canciones de Nougaro, un artista tolosano, ya fallecido, a quien admiran muchísimo).

Aquí os dejo una de sus más célebres canciones (que todos daban por hecho que debía conocer).


Toulouse es conocida con el sobrenombre de Ciudad Rosa, por el color característico de sus edificios, aunque a nosotros no nos lo pareció, la hubiéramos llamado mejor la ciudad naranja, o incluso marrón (aunque entiendo que esto último no suena muy bien).

Escultura en un parque, me encanta.
Llegamos por la tarde, nuestro alojamiento,  un apartahotel, el Adagio Access Toulouse Jolimont fue difícil de encontrar, pero fue más culpa nuestra que otra cosa. Resultó ser un sitio que estaba bastante bien, por su amplitud, la comodidad de la cama, la mini-cocina que nos permitía hacernos el desayuno o improvisar una cenita, pero sobre todo porque la puerta del hotel y la de la entrada al metro estaban al lado una de la otra, a 2 minutos, y eso nos facilitó mucho el movernos por la ciudad. Mencionar también el personal amabilísimo del establecimiento y que dispone de piscina, que con el calor que hacía en esos días era de agradecer, aunque nosotros ni la pisamos. Ya tenemos piscina aquí todo el año, y nuestro objetivo no era ir a Toulouse a tomar el sol o bañarnos.

Nuestra primera tarde en la ciudad fue un poco decepcionante para ambos. Pillamos todo cerrado, incluída la oficina de turismo cuando la encontramos (que no estaba muy bien señalizada), las tiendas, museos y monumentos para visitar, y había muy poca gente por la calle. Nos pareció una ciudad con poca vida. Nos dedicamos a pasear por la ciudad, ver las fachadas engalanadas para la celebración y nos dirigimos a ver (por fuera) esa joya del románico que es la basílica de Saint Sernin de Toulouse. Uno no puede visitar esta ciudad y venirse sin verla, es además una importante etapa en el Camino de Santiago. Paseamos por la Place du Capitole e hicimos fotos de su majestuoso Ayuntamiento

El Ayuntamiento engalanado.
El día siguiente sería mejor y nuestra visión de la ciudad cambió notablemente, una vez que en el hotel, visitando varias páginas de turismo sobre Toulouse, planifiqué mejor la jornada que nos esperaba.


Una de las visitas obligadas sería la del Museo Saint Raymond, siendo mi costillo arqueólogo unas horitas allí estaban garantizadas, y el museo bien  lo merece. El propio edificio que alberga la colección es ya de por sí un edificio histórico, siendo en la Edad Media una residencia universitaria. Situado junto a la basílica de St. Sernin. Es un museo arqueológico con una colección muy importante de restos principalmente romanos. Sería interminable que os relatara aquí todo lo que vimos, a mí me encantaron los mosaicos y algunas maquetas y recontrucciones, realizadas por un tal Denis Delpalillo, especialista en maquetas arqueológicas. La maqueta del ábside la primera iglesia de La Daurade , que también visitamos me gustó mucho. Por cierto, las chicas que nos atendieron en la recepción del museo y con las que luego hablamos un buen rato tras nuestra visita nos parecieron encantadoras. 


La iglesia de La Daurade, en la orilla este del Garona, junto al museo de Bellas Artes. Recibe el nombre del La Dorada por los mosaicos que antaño adornaban su interior, también en origen era casi circular (de planta decagonal), y la virgen que en ella se veneraba también desapareción en el siglo XIII. Os cuento todo esto, porque la iglesia que vemos hoy en día, muy poco ya tiene que ver con la de sus orígenes. En su interior, actualmente, se venera a una virgen negra (Nuestra Señora de la Dorada) a quienes principalmente van a ver las mujeres embarazadas para pedirles por un buen embarazo y el nacimiento de un niño fuerte y sano.

El conjunto conventual de los jacobinos es de lo que más me gustó, junto al museo arqueológico. Buen ejemplo de arquitectura gótica, con un claustro precioso, en su mayor parte reconstruido, ya que tras la revolución francesa se vio muy afectado. Con varias intervenciones arqueológicas y de reconstrucción que se explican al visitante mediante unos audiovisuales que se pueden ver y oir individualmente en nuestro recorrido por el claustro. En la cripta del convento descansan los restos de Santo Tomás de Aquino. Además de su claustro, lo que más llama la atención es una bóveda de 22 metros de altura sostenida por una columna estrellada de once brazos y que se conoce como la palmera, porque esa es la impresión visual que da al visitante al contemplarla desde abajo. Las pinturas murales que decoran la capilla de St. Antonin también son una maravilla. Es además un buen lugar para resguardarse el calor, ya que en el claustro hay colocadas unas tumbonas comodísimas de tela y madera para el mejor reposo del visitante.

Palmeras, convento jacobinos.
Y no puede faltar un paseo por el viejo Toulouse y sus palacetes renacentistas, nosotros visitamos el
hotel d' Assézat (actual sede de la fundación Bemberg). Estos palacetes fueron construidos como vivienda para burgueses, mercaderes principalmente, que en Toulouse y durante este período se enriquecieron gracias al comercio del pastel (tinte de tono azulado usado para teñir telas).

Palacio de Assézat.
Pasear a orillas del Garona o por el Canal de Midi (Patrimonio Mundial de la Humanidad) son otras propuestas, si bien nosotros el Canal de Midi lo descubriríamos a su paso por Carcassonne, en nuestro siguiente destino.

La catedral de St. Étienne y su entorno. Con dos partes muy diferenciadas, una parte románica en la zona de la nave; y una parte gótica en el coro. Unos enormes contrafuertes en su exterior. Decir de ella que es una catedral rara, no parece muy acertado, pero la mezcla de estilos y de etapas le otorga un aire extraño, una mezcla y unas desigualdades, que si bien hacen de ella un edificio original, a mí no termina de convencerme.

Contrafuertes de la catedral

Alrededores de la catedral, ¿ciudad rosa?
No se me puede olvidar un buen lugar para comer, nosotros, animados por nuestroa amigos esteponeros nos decidimos por visitar L'entrecôte, un lugar al que no acudir si eres vegetariano o no te gusta la carne. Es un restaurante de plato único, lo que significa que allí todo el mundo come lo mismo. De primero, una ensalada con nueces, algo simple pero delicioso (por la materia prima), luego aparecen con un entrecôte, y lo único que decides es si lo quieres poco, muy hecho o al punto, acompañado de unas ricas patatas fritas a voluntad (todas las que quieras ir comiendo). Cuando trajeron mi plato me pareció grandé, pero al momento la camarera apareció con otra cantidad de carne similar que colocó en una bandeja metálica con unas velitas debajo para que me lo sirviera cuando acabara el primero, y luego vendría lo mejor, la carta de postres, ahí sí que se puede elegir, hay variedad, y los dos postres que probamos estaban exquisitos (fondant au chocolat maison et vacherin au chocolat).

A pesar de que no fue un amor a primera vista  ha resultado ser una ciudad que me ha gustado mucho y a la que me gustaría volver en otra ocasión, con menos calor y durante el curso, porque es sobre todo una ciudad universitaria y estoy segura de que con más vida debe ser mucho más animada. Eso sí, toda la gente que no habíamos visto salió de sus casas el 14 de julio por la noche para celebrarlo junto al Pont Neuf, con un magnífico espectáculo de fuegos artificiales y como fundo musical bandas sonoras de películas archiconocidad, todo un espectáulo pero con demasiada gente (al menos para mí, que suelo ir de las multitudes). 

Si vais en otra época, no dejéis de probar el cassoulet, a nosotros con estas calores no se nos apetecía, por más que nos insistieran. Es básicamente un guiso con alubias blancas y carne de cerdo, principlamente, junto a confit de pato, tocino magro y otras partes, mayormente grasientes, de animales. Algo similar a nuestros potajes o cocidos. Como somos de buen yantar nos hemos traído varias latas, con distintos tipos de cassoulet para degustar cuando las temperaturas vayan bajando, que mi amiga S. me ha dicho que los suele hacer al horno y están riquísimos (en plan fabada asturiana de lata). Ya sé que no será lo mismo, pero de verdad que no me apetecía ni mirar el plato.

Nos vemos en Carcassonne. 


8 comentarios:

  1. Vaya, pues al ver las fotos yo jamás habría dicho que Toulouse fuera una ciudad azul precisamente... Tampoco me imaginaba que la fuerais a encontrar casi sin vida, qué cosas. Por cierto, me apunto al señor Nougaro este, que no lo conocía.

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    1. Rosa, la ciudad rosa, azul es el tono, pastel, el tinte azul gracias al cual se enriqueció la ciudad a finales del medievo.

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  2. No sabía que Toulouse tenía tantas cosas para ver pero rosa, lo que se dice rosa, uo tampoco la veo :))
    ¡Ganas de ir a Carcassonne!

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    1. Y más que nos han quedado por ver, de los lugares donde quiero volver, aunque Burdeos me gustó más. Pronto vamos a Carcassone.

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  3. super viaje! ya te dije que es casi la misma ruta rara de mis tíos canadienses, no? solo que ellos la hicieron de arriba hacia abajo x)

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    1. No, cuéntame, no sé lo de la ruta de tus tíos.

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  4. Qué chulada! Pedazo de viaje, qué envidia.

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    1. Gracias Paula, no ha estado mal. Ahora lo que busco en tiempo para seguir con las entregas, jeje.

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