jueves, 29 de octubre de 2015

EL AMANTE JAPONÉS. ISABEL ALLENDE.



Antes de empezar a reseñar este libro quiero explicar dos cosas, cómo llegó a mí y mi relación con la autora (más bien con sus libros).

El pasado mes de septiembre, en una conversación telefónica con mi amiga Merche, y ante unos momentos difíciles, me dijo que ma había comprado este libro como regalo para navidad, pero que para alegrarme esos días me lo mandaría a casa para que lo leyera. Dicho y hecho, al día siguiente a las 9 de la mañana tenía a un mensajero en casa con el regalo de mi amiga, que es un primor.

En cuanto a mi relación con la obra de Allende, hasta el momento, si no recuerdo mal, había leído tres libros de la autora: "La casa de los espíritus", un libro maravilloso donde los haya, "De amor y de sombra", que también me encantó, y más reciente, "La isla bajo el mar", que no llegó a gustarme tanto. En definitiva dos obras suyas me habían gustado, pero no me había animado a leer mucho más por distintas razones, y la lectura de "El amante japonés" me ha hecho reconciliarme con su obra y tener ganas de leer otros libros suyos.

LA NOVELA 

Si me preguntaran cuál es el tema central sobre el que gira esta historia diría dos: el AMOR con mayúsculas, mucho más allá de un amor romántico, y la VEJEZ. 

La historia transcurre en San Francisco (California), y da comienzo cuando Alma Belasco (o Alma Mendel de Belasco) , el personajes principal, decide voluntariamente dejar su vida en casa de su familia, bastante adinerada, para ingresar en una residencia de ancianos bastante especial y con unos residentes que también lo son, Lark House. 

Asistiremos entonces a un relato, narrado desde el presente pero volviendo al pasado en numerosas ocasiones, para desentrañarnos la vida de Alma, volviendo siempre al presente que nos ocupa en el año 2010.

La vida de Alma es una vida bastante interesante, desde que a muy temprana edad fuera enviada por sus padres desde su  Polonia natal a San Francisco, para vivir con sus tíos, ante el desenlace de la gran contienda que sería la Segunda Guerra Mundial. 

Sus tíos viven una vida tranquila y acomodada, y acogeran a la niña con mucho cariño, aunque el principal refugio de Alma será la compañía de su primo Nathaniel, y más tarde, su entrañable amistad con Ichimei Fukuda, el hijo del jardinero japonés que trabaja en la propiedad de sus tíos. 

LOS PERSONAJES 

Ya os he adelantado los tres principales, Alma Belasco, Nathaniel  e Ichimei, que forman el trío protagonista por excelencia. Son unos personajes magistralmente trazados, con personalidad propia, que evolucionan, cambian, se transforman. Son ese tipo de personajes a los que uno le coge cariño desde las primeras páginas. Aunque con Alma la sensación es un poco ambigua, hay momentos en los que te hace sentir una ternura tremenda, y otros en los que dices pero por qué actúa cómo lo hace. 

Y nos faltan Irina Bazili y Seth, que serán quienes representen mejor la juventud y el presente. La primera es una joven moldava que sobrevive como puede alternando varios trabajos, hasta que el director de la residencia le da la oportunidad de trabajar como cuidadora en la misma. A partir de este momento empezará una relación que terminará siendo muy especial con la anciana Alma Velasco, y con su nieto Seth. 

Existen otros personajes secundarios, que no tienen tanto peso en la trama, como el resto de la familia Belasco, la madre y los abuelos de Irina, Hans Voigt, que es el director de la residencia, Catherine Hope o Lenny Beal, que adquirirá una importancia mayor al final de la historia. 

LA HISTORIA 

Y ahora viene la parte en la que no sé hasta donde contaros para no desvelaros mucho de la trama.
 
Básicamente asistimos a los últimos años de la vida de Alma, ésta conocerá a Irina, y a otros personajes en la residencia, aunque al principio, la mujer altiva que siempre ha sido hará que no se relacione mucho con ellos, hasta que empieza a conocer a Irina y le ofrece contratarla como asistente personal para que le ayude a poner en orden sus recuerdos, sus documentos, sus fotos. Será así como Irina entre en contacto son Seth, el nieto de Alma, que queda prendado de ella y por estar más cerca se propone escribir un libro sobre las vivencia de su abuela. Será poniendo orden en todo esto y con el intento de escribir el libro cuando Irina y Seth empiecen a indagar en el pasado de Alma y a ir configurando su historia en torno a sus dos grandes amores, Nathaniel e Ichimei. Y hasta aquí puedo leer...

Me ha gustado que se aborden temas como la eutanasia, la homosexualidad, la pederastia, muy de paso y de forma bastante respetuosa, pero ahí están. Y sobre todo me ha gustado mucho que se trate una parte no muy conocida de la Historia, la de los japoneses habitantes en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial y como fueron llevados a campos de concentración, incluso siendo ciudadanos americanos de pleno derecho. Medida que se tomó como reacción al ataque japonés a Pearl Harbor. Un triste episodio, lamentablemente poco conocido. 

En definitiva, es una historia que me ha gustado y que me ha llegado, la leí en tres días, porque engancha bastante. 

Me gusta como se trata el tema del amor y el de la vejez, y creo, y esto es sólo una impresión, que en esta novela hay mucho del pensamiento de la autora y de su experiencia vital en estos temas. Si a alguien le echa para atrás que pueda ser una historia de amor romántica, no es así, a mi juicio, va mucho más allá, y nos habla de un amor más grande, de la confianza, la complicidad. 

Si hay un personaje que me ha conquistado por encima de todos los demás ese ha sido Nathaniel.

El libro cuesta 21.90 € en versión papel (Plaza & Janés) y 11.39 € en versión digital para kindle.

 * La foto del libro la he tomado de Internet, me gusta siempre poner la de mi ejemplar, pero vino una amiga a merendar a casa y tan bien le hablé de él que se lo llevó.


 

jueves, 22 de octubre de 2015

SORTEO "¡ZASCA! Martina Klein

Sorteo de 5 ejemplares de "¡Zaska!" de Martina Klein

La editorial Penguin Random House y el blog de Laky, Libros que hay que leer tienen el placer de traernos un nuevo y suculento sorteo. Sortean 5 ejemplares del libro infantil/juvenil "¡Zaska!" de Martina Klein. 

La portada, la sinopsis y las reglas del sorteo las podéis encontrar aquí.  



jueves, 1 de octubre de 2015

DE SEPTIEMBRE, LO MEJOR.

Septiembre ha sido un mes intenso y que ha pasado en un suspiro, el mes de los comienzos, de la vuelta al cole. Pero ha tenido sus buenos momentos, y aquí van algunos de ellos:

- La cenita post-vacaciones que organicé con los amigos esteponeros. Como era muy difícil coincidir todos en verano, hemos viajado en diferentes fechas, la primera semana de septiembre era la fecha ideal, para sobrellevar mejor la vuelta a los quehaceres.

Berenejana caponata con boquerones en vinagre sobre pan árabe

- La esperada visita de Espe y Carlos, que aunque los he atendido un poco a medio gas han sido una compañía estupenda. Me quedo con las sesiones de risoterapia con las que me han obsequiado.

- La llegada a casa de nuestro primer kokedama, un espatifilo precioso, preparado con mucho amor, por Pilar de Espacios Vivos.

Kokedama
- Tener de nuevo mi bici arreglada y listar para utilizar.

Mi bici azul
- Disfrutar de la lectura, estoy leyendo mucho, y me ha dado por la saga de Harry Potter, que recién empecé con los dos primeros libros, y los estoy disfrutando mucho.

- El maratón de ver Juego de Tronos que nos estamos dando, hemos sido tan intensos, que ahora sólo nos quedan dos capítulos para terminar la 5ª temporada, así que tendremos que esperar a que se termine de rodar la 6ª.

- Los ratitos (pocos) de poder disfrutar del mar en soledad (ya casi no quedan turistas, y los que quedan son muy tranquilitos).

El mar, que siempre me serena
- Estrenar material escolar de Mr. Wonderful para hacer frente al nuevo curso, junto a un boli molón de Lucía Be y mi camiseta de #lavidaesunaverbena.

Motivación extra, aunque ya no funciona como antaño

- Seguir experimentado en la cocina, este mes, la mejor receta descubrimiento ha sido ésta, de Clara Montagut y su blog Paseando hilos, unos calabacines luna rellenos, con alguna modificación hecha por mí, que estaban riquísimos.

Calabacines luna rellenos, riquísimos

- La primera lluvia, en la noche de anteayer, quiero lluevia, un poco de fresco, mantita y sofá. Me encanta el otoño.

¿Cómo ha sido vuestro mes de septiembre? Ahora a disfrutar de octubre.



sábado, 26 de septiembre de 2015

VACACIONES DE VERANO VIII : LA VUELTA

Saco al fin un poco de tiempo en este intenso mes de septiembre para poner fin a nuestro periplo veraniego, que a este paso me veía empalmándolas con las de navidad.

Tras entrar en España por Portbou, en una ruta inversa a la que no hace tanto tiempo hacían los exiliados que dejaban nuestro país, nuestro primer destino sería Gerona. Yo no conocía esta ciudad que me ha enamorado, y a la que seguro que volveremos para conocerla más a fondo. Me ha parecido una ciudad preciosa y con mucho encanto, y sin embargo todo el mundo me ha dicho siempre que tenía que conocer Barcelona, pero nadie me había vendido las maravilla de su vecina Gerona.

Girona me enamora.
Pasear por sus calles es ya en sí mismo todo un planazo, nosotros además de pasear por La Rambla y por las calles de la judería (call jueu), visitamos los mallamados Baños Árabes, porque son en realidad cristianos, y que me parecieron una joya. Son de estilo románico, construidos en 1194, bajo el mandato de Alfonso I, el Casto, y llamados árabes porque imitan la estructura de los del mundo musulmán.

La iglesia de Sant Feliu, primera catedral de la ciudad, ante de las construcción de la actual, Santa María de Gerona o Sant Pere de Galligants (antigua abadía benedictina) son edificios religiosos dignos de contemplar.

Por supuesto, no falto un beso en el culo de la leona, porque como dice que quien lo hace vueve a la ciudad, yo no quise arriesgarme, aunque hice trampa y besé el culillo de la leona que hay en la placa en la pared junto a la escultura, que no era plan con el vestido que llevaba y la gente que había esperando abajo para hacer lo mismo.

Besando el culo de la leona
Un paseo a orillas de su río, el Onyar, contemplando sus bellas casas de colores, el Puente de Piedra, el de la Princesa o el Puente Eiffel, son tres de los once puentes que tiene esta ciudad que atravesamos. 

Entre desayunos y cenas, frecuentamos varios lugares, a destacar, un tartar de salmón y unos canelones estupendísimos que comimos en un bar de la Plaza de la Independencia, cuyo nombre no recuerdo.  Y por supuesto, y por recomendación de Remorada los magníficos helados de Rocambolesc. Probamos varios (es dificil resistirse), a cual más rico, aunque a mí me encantó especialmente el helado de manzana al horno, y como toppings los pistachos recubiertos de té matcha y las nubes violetas, aún salivo cual perro de Paulov mientras lo rememoro al escribirlo.

Helado de manzana al horno con peta zetas de chocolates, nube de violetas y pistachos recubiertos de té verde
Nos han quedado muchas cosas por ver, y ganas de conocer la provincia, el interior, pero volveremos, estoy segura. Por cierto no me extraña nada que la hayan elegido para rodar la

Nuestro próximo destino era Besalú, en la comarca de la Garrocha, en la provincia de Gerona. Ciudad medieval que tiene su origen en el castillo, en el siglo X. Es de los lugares que más me han gustado de este periplo nuestro, ya que me parece un lugar de cuento, por su arquitectura medieval, sus calles empedradas, y su magnífico emplazamiento natural. Mi costillo ya lo conocía y estaba loco por descubrírmelo y no se equivocó al pensar que me encantaría. Su puente sobre el río Fluviá, la judería, la sinagoga, o los baños (que en este caso encontramos cerrados, y no pudimos visitar). 

Sus calles y callejuelas adoquinadas, los arcos, escaleras y rincones que constituyen el conjunto histórico-artístico me parecen únicos,  y sobre todo me parece que han sabido mantener esa estructura y hacer frente al paso de los años y a los cambios urbanísticos que imagino habrá debido sufrir la ciudad. Es un lugar que mantiene su esencia. 
 
Entrada a Besalú

Ese día comeríamos de picnic y como nos encanta alajernos del mundanal ruido y buscar lugares recónditos y con encanto, tras un buen rato de coche a través de senderos nos plantamos (sin buscarlo)  junto al Santuario de Sant Ferriol, un "locus amoenus" magnífico para disfrutar de la sombra y de nuestros manjares.
 
Vistas desde nuestro paraje para el picnic

De Besalú emprenderíamos camino hacia Lérida, no sin antes disfrutar de otros lugares preciosos que encontraríamos por el camino, como Castellfollit de la Roca, para irnos despidiendo ya de esta comarca de la Garrocha que también nos hemos quedado con ganas de conocer más. Este pueblo es uno de los términos más pequeños de España, con una superficie de menos de 1 km2, y asentado sobre un promontorio de basalto. 
 
Castellfollit de la Roca


De Lérida, a pesar de que nos alojamos allí y la visitamos, tengo poco que comentar, principalmente porque no nos gustó.  Me pareció una ciudad fea (sí lo tengo que decir), con un casco histórico casi inexistente y bastante descuidado, y lo único destacable, que sería su antigua catedral, la Seu Vella, se contempla bellísima y majestuosa desde la distancia, pero conforme te vas acercando subiendo desde el centro de la ciudad, un edificio tipo mole (los juzgados) la van ocultando. Creo que permitir construir ahí semejante mamotreto dice muy poco sobre la preocupación por la conservación del patrimonio de una cuidad. De Lérida, la provincia, conozco el interior, la zona pirenaica, donde tuve la suerte de hacer un viaje en plan multiaventura con mis alumnos, y me encantó, pero lo que es la ciudad en sí no me ha gustado nada.
 
Alcorisa, en Teruel, comimos genial y conocimos a un lugareño encantador

Menos mal que Teruel también existe, y ese sería nuestro siguiente destino, y nos compensaría con creces el desencanto sufrido con la ciudad anterior.  Ciudad del amor (por los amantes), capital mundial del mudéjar y cuna de los dinosaurios, como ellos mismos anuncian en su Oficina de Turismo y en su página web. Es una ciudad preciosa, pequeña, pero con múltiples atractivos, que contrariamente a lo ocurrido con Lérida, los turolenses han sabido vender bastante bien. Como muestra de ello el negocio que tienen organizado en torno a los amantes, es una historia bonita a la que con un poco de marketing y ciertos reclamos han sabido sacar bastante provecho, lo cual me parece estupendo. (Aunque los precios por ver el sepulcro me parezcan uno poco exagerados, que eso es otro cantar). 

En Teruel nos dio tiempo a verlo todo, al menos, todo lo que queríamos, es una ciudad pequeña y muy manejable. Nos alojamos en el hotel Suite Camarena, que recomiendo, porque está bien ubicado (sin estar en el centro, queda a un paseo) y tiene una relación calidad precio excelente. Sólo el baño era más grande que algunas habitaciones de otros hoteles donde hemos estado alojados. 

Además de pasear por sus calles y plazas, nosotros visitamos la Catedral de Santa María de Mediavilla, el museo de arte sacro, la Torre de El Salvador y el Conjunto de los Amantes, que incluye el mausoleo, la iglesia de San Pedro, el ándito, el claustro y la Torre de San Pedro (esta última por cuestión de horarios y visitas guiadas no la pudimos visitar). Distintas casas modernistas están repartidas por el casco urbano de Teruel (como Casa Ferrán o el Torico). Y su famosa Plaza del Torico es el punto neurálgico de la ciudad, y fue el lugar que elegimos para desayunos y cena, pudiendo disfrutal del estupendo jamón de Teruel hasta en las ensaladas. 

El mudéjar turolense es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, las torres más antiguas son las de San Pedro y de la Catedral, a las que siguen las de El Salvador y San Martín, todas ellas de una singular belleza. Y por último, y ya del siglo XX, neomudéjar por tanto, está la Escalinata, que se construyó para salvar el desnivel entre la estación de ferrocarril y el centro histórico. 
 
Catedral, Teruel

 
La importancia de Pierre Vedel (no Pierres)


Modernismo, en la plaza del Torico

Así que comprobamos que Teruel no sólo existe, sino que además es un lugar lleno de encanto. Aunque si hablamos de lugares con encanto, no puedo dejar atrás, Albarracín ,que es el lugar que más me ha gustado de todo este periplo nuestro. 

Se anuncia como uno de los pueblos más bonitos de España, y no le falta razón. Además la Fundación Santa María de Albarracín (verdadero nombre histórico del pueblo) hace una labor magnífica en lo que concierne a la conservación, restauración, divulgación y puesta en valor de su riqueza patrimonial. Y aunque me repito, esta vez sí, que el principal encanto de Albarracín está en callejear por todos sus rincones. 

Tras una cerrada curva a orillas del río Guadalaviar, y casi sin anunciarse, a unos 1200 metros de altitud, aparece imponente ante nosotros este maravilloso espectáculo de tonos aranjados. 

Nosotros dejamos el coche en la parte baja, a la entrada del pueblo, para empezar a ascender por una espinada escaleras que nos llevarían más tarde hasta la Plaza Mayor. Vimos la Catedral, aunque sin llegar a visitar su interior, paseamos en torno a la muralla, recorrimos miradores que nos ofrecían vístas de postal. La Casa Julianeta, junto a la casa azul de los Navarro de Arzuriaga, la calle Azagra  o la calleja del Postigo, así como el Palacio Episcopal son de los rincones más populares de este lugar. 

Como recomendación si decidís visitar tan bello pueblo, calzado cómodo y ganas de andar, y caminar sin una ruta preconcebida de antemano, porque os aseguro que os soprenderá a cada paso. 
 
Albarracín

 
Nacimiento del Tajo

Lo que queda de viaje os lo resumo brevemente, de Albarracín iríamos a Cuenca, que como ya la conocíamos suponía una etapa en plan tranquilo para poco más que pernoctar y reponer fuerzas. Recomendaciones:  nosotros repetiemos con el Hotel Exe Cuenca, precio excelente, desayuno buffet estupendo (ambas cosas, es decir alojamiento y desayuno no llegaron ni a 40 euros), cuatro estrellas, climatización, habitaciones amplias y confortables y personal amabilísimo. Y para tapear o cenar nada mejor que el Mangana, en la Plaza Mayor, ponen tapas ricas con a bebida, y las tapas o raciones que pidas, cuidado porque son tamaño XXL. Nosotro nos reímos mucho, porque íbamos sin hambre y acabamos con una superhamburguesa tamañao XXL que mi costillo no puedo terminar (y eso es raro), yo con un montado de calamares que resultó ser un bocata enorme, y para colmo esta vez no queríamos irnos sin probar los zarajos (bocado exquisito donde los haya, y eso que yo soy poco amiga de la casquería), así que unos zarajos, junto a las tapas gratis con la bebida. El precio de risa, o creo que gastáramos ni 14 euros. Un serivicio rápido, atento y amable, además de un matriarcado. 
 
Las hamburguesas del Mangana
Pensábamos que de Cuenca nos vendríamos para casa, en Estepona, pero decidimos improvisar, llamamos a nuestra amiga Mercedes e hicimos una etapa más, parando en Granada, concretamente en Ventas de Huelma, para tomarnos un respiro con Merche y su madre a quienes teníamos muchas ganas de ver, y al día siguiente, vuelta a casa, quedándome además aún algo más de un mes para seguir disfrutando de las vacaciones y pequeñas escapadas, aunque he de decir que parece que fue ayer, y se ha pasado volando. 

Sin más, estas han sido parte de nuestras vacaciones de verano. Algo que improvisamos poco antes de salir pero cuyo resultado fue esta "tournée" tan estupenda. 

Son unas crónicas que a modo de cuaderno de viaje me permitirán recordar estas vacaciones, quizás no esté todo, y me olvide de partes agradables que no tienen cabida aquí, sino quiero convertirlo en una historia interminable. Hemos hecho picnis en parajes estupendos, nos hemos bañado o refrescado nuestros pobres pies en ríos helados, descansado a la sombra de árboles preciosos, y sobre todo hemos disfrutado muchísimo. Ahora toca esperar hasta las siguientes, pero seguro que el curso y la rutina también nos deparan momentos estupendos, y tiempo para escapadas menores.

Gracias a quienes habéis tenido la paciencia de acompañarme hasta aquí.


 
 


miércoles, 9 de septiembre de 2015

VACACIONES DE VERANO VII

Seguimos con las crónicas viajeras, que ahora que vuelvo a las aulas es una manera de seguir disfrutando un poco, aunque sea con el recuerdo el relato de este viaje.

Dejamos Toulouse para partir rumbo a Carcassonne, una ciudad que sobre todo mi costillo estaba deseando conocer, pero que a mí también me encantó, y no nos decepcionó en absoluto, salvo por un aspecto que os cuento luego. El hotel que elegimos fue una maravilla, abrías la ventana y teníamos unas vistas magníficas, se llama La Rapière que se encuentra situado a unos 150 metros de la cité o ciudal medieval, en unos minutos estábamos a la entrada. Siendo además un sitio, el hotel, tranquilo y acogedor, y con climatización, cosa bastante de agradecer con esas temperaturas que sufrimos. No tienen página web pero podéis mirar el hotel en cualquier buscador. Dos cosas que no me gustaron del establecimiento: la primera que la puerta de entrada, que está pegada a un parking y un parque está abierta siempre, 24 horas, pero no hay nadie allí, es para que los huéspedes no necesitemos llave ni tarjeta para entrar, y te lo explican así, tan alegremente, pero a mí me provoca una inseguridad tremenda, porque puedo entrar yo y cualquiera que lo intente. Y luego la distribución un tanto extraña del cuarto de baño, distribuido en dos estancias distintas, una para el váter y otra con la ducha y el lavabo (como ya había visto alguna vez en algunas casas de Francia).

Carcassonne es famosa principalmente por su ciudadela o recinto medieval amurallado, que aunque muy restaurado (por Viollet-le-Duc) sigue siendo una pasada, nosotros que somos asiduos visitantes de castillos, fortalezas, y otros recintos amurallados (mi costillo es el señor de los castillos II) quedamos gratamente sorprendidos, es como volver a la Edad Media, salvo por un detalle, para mí nada insignificante, y es que una vez que traspasas el umbral de una de sus puertas te sientes en un parque temático, por la cantidad de tiendas, de reclamos para venderte, para que comas, los folletos, el trenecito y demás, que desde mi punto de vista le resta gran parte del encanto. Claro que es la atracción principal de una ciudad como ésta, y también que igual si no fuera así habría muchos turistas que ni la visitarían. Aún así, es fácil perderse y dejar atrás el bullicio para encontrar rincones solitarios por los que pasear, sobre todo si lo haces en días de calor como el que nos tocó y a las cuatro de la tarde, que sólo encontrábamos cuatro locos como nosotros.

Vistas desde la habitación
El resto de la ciudad, lo que no es el recinto amurallado también tiene su encanto, para la cena nosotros decidimos buscar un restaurante alejado de la algarabía y la marabunta de turistas y lo conseguimos, cenando además más que bien por un precio de risa (para ser Francia, claro). El Puente Viejo sobre el río Aude es una maravilla, y pasear por él al atardecer es precioso, disfrutando además de unas vistas increibles de la ciudadela. Lo cruzamos para ir al centro de la ciudad (de la nueva) y encontrar el restaurante donde disfrutamos de la cena.
Carcassonne desde el Puente Viejo.

El canal de Midi a su paso por esta ciudad es también de una belleza tremenda, que nos permite disfrutar de un patrimonio natural muy cuidado. Me encantó pasear por allí y ver a las familias alojadas en barco, cenando en cubierta al atardecer, qué placer.

Volviendo al tema cena, partió de mí lo de buscar algo alejado de tanto turista, miré recomendaciones en internet, pero los lugares más recomendados estaban cerrados, y otro de los que buscamos no lo encontramos, por más que preguntamos, cuando nos vinieron a indicar bien dónde quedaba se nos hacía tarde y estaba en la quinta puñeta. Así que ante la impaciencia de mi costillo por esa diferencia con nuestra hora de cenar y que luego no íbamos a encontrar donde ir nos decidimos por uno que vimos en nuestro paseo y que era el restaurante de un hotel junto a la estación de tren (por tanto tenía un horario más amplio), concretamente en Le Bistro d'Augustin, que pertenece al Hotel Terminus. Un lugar un tanto retro pero con encanto, y comimos en exceso con una fórmula (menú) que en mi caso incluía una terrine deliciosa con ensalada, mejillones a la crema con patatas fritas (y a mí es que esta idea belga de los mejillones con patatas fritas a voluntad es que me pierde) y una crêpe con Nutella buenísima. Todo ello tamaño gigante, que recuerdo que mi costillo se pidió de primero una ensalada por aligerar, y era enorme, y además con bacon frito y mil cosas más, de todo, menos ligera, pero muy rica.

Atardecer desde el Puente Viejo
Sólo estuvimos un día en esta ciudad, de haber estado alguno más habría hecho un mini crucero por el canal, porque me pareció precioso. Para otra vez será. Dentro de la ciudadela, que es Patrimonio de la Humanidad hay muchas cosas que ver , como la basílica de St. Nazare donde tuvimos la suerte de disfrutar (sólo durante unos minutos) de un grupo de rusos o polacos (no lo recuerdo bien) que cantaban a capella y sonaba genial.

Hasta aquí nuestro paso por Carcassone, donde entre otras cosas compré una bolsa con lavanda que huele de maravilla para rellenar algunos adornitos costuriles que tengo en mente.

Al día siguiente nos esperaba Perpignan, ciudad elegida por mí que nos decepcionó bastante, anotada queda para no repetir. No sé si contaros mucho sobre ella, porque algunas cosas buenas tiene, entre ellas parques, el canal de Midi de nuevo, que creo que es la única parte cuidada de la ciudad, y para mí poco más, algún rinconcito escondido de la ciudad.

Perpignan estaba en nuestro itinerario y como parada por mi culpa, como historiadora que soy me atraía conocer algo de esa ciudad a la que durante la dictadura franquista en nuestro país escapaban los españolitos de entonces para ver películas que aquí estaban prohibidas. Luego, las páginas de turismo, y algún bloguerao de viajes, cuyo viaje habían patrocinado la ponían bastante bien, y francamente para mí fue un desencanto.

Como he dicho el Canal de Midi a su paso por allí es bien bonito y es una de las zonas bien cuidadas de esta ciudad. Por lo demás, me pareció una ciudad sucia, una ciudad de frontera, de esas como Vila Real de Santo Antonio en Portugal, donde la gente va para decir que ha estado en Portugal, o en este caso en Francia y comprar productos típicos de esos países. Para colmo fue el único destino de este viaje en el que no tuvimos suerte con el hotel. A través de Booking en este caso, reservé una noche en el mal llamado Hôtel L'eolienne, y digo mal llamado porque es una residencia de estudiantes de lo más cutre,sí, como dicen los comentarios de Booking las habitaciones tienen una decoración bonita (más o menos), pero apenas hay luz, no tiene aire acondicionado (y hacía un calor horrible) y la ventana enorme (que dejamos abierta) daba a un techo al que se podía saltar fácilmente desde cualquier habitación de nuestra planta, y francamente, el ambiente que había no era el más idóneo. El resultado fue que no dormí nada y la ventaja es que en cuanto amaneció nos largamos. La recepción del lugar brilla por su ausencia, en cuanto llegamos por allí la pareja que lo regentaba nos dio las llaves y desapareció. Las salas comunes, con máquinas de vending para desayunar un horror y un asco. En fin, nada recomendable, ahora entiendo por qué me cobraron de inmediato (sin avisar, al hacer la reserva) y sin derecho a devolución, cuando lo ves dan ganas de salir por patas. Para colmo de males está frente a un tanatorio, en los bajos tiene un supermercado Casino, cuesta encontrar por dónde se entra al "hotel" y el anunciado parking es un descampado junto al tanatorio y los aparcamientos del super. En fin, una delicia de sitio, del que yo me quise marchar, pero el costillo decidió que nos podíamos quedar esa noche, y así lo hicimos. Su ubicación tampoco es la más idónea, ya no por lejanía al centro sino por mala comunicación con el mismo, ya que es imposible volver en bus más allá de las 20 horas. Nada recomendable. Si pincháis en su web (totalmente desactualizada) cualquier parecido con la realidad es pura casualidad. Y los comentarios de Booking, me cuesta mucho creer las valoraciones o comentarios de la gente.

Lo único bueno de esta ciudad fue que de forma casual nos encontramos a una pareja que conocemos de hace años en Ciao y a los que conocemos por las RRSS y nos saludamos y fuimos a tomar algo juntos a un bar, fue algo muy especial y que no esperábamos en absoluto, y también descubrir una mercería mega grande que me encantó y en la que compré varias cosillas, entre ellas una tela preciosa que tengo destinada a un regalo para alguien.

Canal de Midi en Perpignan
Menos mal que nuesto destino siguiente era Collioure, un pueblecito marinero encantador al que estoy deseando volver en otro momento. Quizás conocido por ser donde murió el gran Antonio Machado y en cuyo cementerio reposan sus restos. Por supuesto visitamos su tumba, y me sentí un poco ñoña y al mismo tiempo una niña cuando lloré junto a su tumba, pero para mí Machado es mucho Machado, y leer las notas que la gente (y yo también) deja allí me pareció muy emotivo.

Además de esto, es un lugar pintoresco, con unas calles tan bonitas y pobladas de flores, con fachadas de colores, vistas preciosas, y su trocito de mar inmenso (aunque trocito e inmneso sean una contradición). Apenas llega a los 3000 habitantes, aunque los turistas poblamos sus calles, sin llegar a ser exagerado como en Carcassonne. Es ya un pueblo Mediterráneo y menos francés. Lo primero que vemos nada más llegar y dejar el coche es su playa, de grandes piedras y aguas heladas, pequeña, pero con unas vistas impresionantes, la Iglesia de Notre Dame des Anges de un lado y el Castillo Real del otro.

Un pueblo con una larga Historia, que se remonta a la época fenicia y con la que no os pienso aburrir.
Collioure 
Un detalle y una calle cualquiera de Collioure
Puerto, Collioure
Vistas
Me gustaron sus calles, su colorido, su gente, sus bares y tiendas y su ambiente, y quizás no tanto su clima tan húmedo, que unido al calor que hacía ese día era insoportable. Sólo pasamos la mañana en Collioure, desde nos dirigimos a comer a Banyuls-sur-Mer, lo hicimos al borde del mar en un sitio que nos encantó y donde comimos estupendamente y cuyo nombre no recuerdo. Después de comer me entraron unas ganas tremendas de bañarme allí, supongo que tras la calor que pasé en Collioure, así que me cambién en el aseo del bar y me sumergí en aquellas aguas heladas. Me encantó la experiencia, salvo por el pequeño detalle que era una playa de piedras de tal tamaño que resultaba muy difícil salir del agua, lo que hizo que fuera incluso divertido, viendo a adultos, jóvenes y niños, y a nosotros mismos intentar salir sin caer con movimientos a lo Chiquito de la Calzada.

Mi ansiado baño
Era nuesto último destino en el país vecino, aunque continuábamos nuestro periplo por la península Ibérica. Así que pasando por Cèrbere, nos dirigmos al puerto de Portbou, ya en España, haciendo la ruta inversa que hicieron muchos exilicados durante la guerra y la postguerra para salir de nuestro país. De hecho aún están en pie los puentos fronterizos, que hoy en día son un resto de una época pasada.
Cerbère
Nos dirigimos a Gerona, una ciudad que yo desconocía, y que el costillo decía que tenía que ver, y se lo agradecí porque me pareció bellísima, pero eso os lo cuento en una próxima entrega.

A este paso las crónicas viajeras me van a durar hasta el verano que viene, pero es lo que tiene la vuelta al cole, que me tiene más ocupada de lo normal.


martes, 1 de septiembre de 2015

LO MEJOR DE AGOSTO


Agosto se me ha pasado en un suspiro, quizás no haya sido un mes tan intenso como el de julio, pero sin duda ha estado lleno de buenos momentos y de relax, que buena falta me hacía. Y los mejores momentos o las mejores cosas han sido las siguientes:

- Dormir y reponer fuerzas, yo que durante el resto del año suelo dormir una media de 6 horas por noche, en agosto me he desquitado y como no tengo reloj interno de esos, he dormido a pierna suelta y como un bebé. (Sin pasarnos, porque tampoco he sido nunca de levantarme a las 11 ni a las 12).

- Ir a ver el Circo Mediterráneo en Estepona, una circo contemporáneo, sin animales, con un equipo de gente fabuloso, que se reune en verano para hacernos pasar tan buenos ratos, aunque el resto del año cada uno se lo monta por su cuenta. Fue una noche de risas, de sorpresas, genial. Desde entonces alohomora y maldad infinita forman parte de mi vocabulario.

Circo Mediterráneo
- Tener tiempo para coser y para leer. He hecho otra mochila, y tengo un bolso precioso a punto de terminar, y he leído cuatro libros y empezado un quinto. Los mejores, sin duda, han sido "Cixí la emperatriz" (siglo XIX y principos del XX en China y la mujer de cuya mano vinieron los principales cambios y la modernización, y quien la Historia, y los manuales al uso no le han hecho justicia), y "Secretos del Arenal" de Félix G. Modroño, que mira que era difícil superar "La ciudad de los ojos grises" pero lo hace. 

- Pasar una semana en mi pueblo con mis padres, al principio fue algo por motivos prácticos (un arreglo del coche, que en mi pueblo me costaba 1100 € menos que en Estepona, que se dice pronto, pero es una pasta y un ahorro), pero que fue todo un placer, pudiendo disfrutar de las comidas ricas de mi madre, de salir a cenar con ellos (cosa que no ocurre a menudo, porque de un tiempo a esta parte salen más bien poco), y de ir al teatro y poder ver una obra en un marco incomparable, el castillo de mi pueblo. Y esto me lleva al momento siguiente.
 
Teatro en mi pueblo

- Escaparnos a Sevilla y poder reunirme con mis mejores amigos, Laura, Jairo y Abel, compartir risas, cervecitas, charlas y hasta alguna pequeña siesta. Y es que estos momentos me cargan las pilas, aunque sólo puedan ocurrir dos o tres veces al año (entre otras cosas porque uno de ellos es profe en Alemania). De paso disfrutar de la "city" que tanto echo de menos y hacer algunas compras, costuriles en su mayor parte. 
 
Sevilla, las setas - Plaza de la Encarnación

- Llegar a casa tras una semana fuera y encontrar un paquete con regalitos varios en mi buzón de Diana, de Entre brochas y paletas, gracias, preciosa.

Regalitos que esperaban mi llegada en el buzón
- Disfrutar de un día de playa y chiringuito con mi compi y amiga Eva, sin más preocupación que la de charlar y ponernos al día entre baño y baño, tintos, pulpo y espetitos, y "repanchingás" todo el día en una tumbona. (Ese día, antes de salir de casa me partí el dedo pequeño del pie, cosa que supe al cabo de una semana porque soy tremendamente bruta, pero ese es otro asunto). Fue un momento especial, primero porque pude disfrutar de la compañía de mi amiga, y segundo, porque aunque vivo en la playa, y sólo tengo que salir del bloque y andar cinco minutos para bañarme en el mar, no es de las cosas que más suelo hacer en verano. Ahora es el momento en el que empiezo a disfrutar la playa, sin turistas (o con menos), sin achicharrarte y sin jaleo, eso sí, la arena seguirá ahí (es que tampoco me gusta). 

Así sí
- El turismo de cercanía o los placeres cercanos como yo lo llamo, y que no son más (ni menos) que disdrutar de uno baños y unos barros en la Hedionda, que básicamente son los restos de unos antiguos baños romanos, posteriormente balneario (hoy en ruinas) de aguas sulfurosas con muchas propiedades para la piel, cuenta la leyenda que Julio César se bañó allí tras la batalla de Munda y que fue así como se curo un herpes de la piel (según unas fuentes) o de sarna (según otras). Nosotros hemos pasado buenos ratos y nos hemos reído un montón, y además están en un entorno natural magnífico en la localidad vecina de Sabinillas. Comer "volaores", que son esos peces con alas que salen del agua y vuelan (como en "La vida de Pi"), que son un placer efímero, porque sólo están diponibles en agosto, ya que es ahora, cuando estos peces, en su ruta hacia otros lares pasan por aquí para cruzar el estrecho. Una vez pescados, las familias que viven del mar los preparan en salazón y son un verdadero manjar, con una buena cervecita fría. Salir de tapas con los amigos o disfrutar de los helados de mi heladería favorita, donde tienen un helado de cacao puro sin lactosa que está colmando mis caprichos sin provocarme malestares.También nos hemos escapado a Ronda y a Ubrique, y aunque ha sido también por motivos prácticos siempre es un placer visitar estos lugares. 

Aguas sulfurosas, la Hedionda
 - Otros manjares de los que hemos disfrutado han sido los higos recién cogidos de la higuera por mi padre (otro manjar efímero), las berenjenas caponata que he descubierto gracias a mi amiga María, pimientos asados con paciencia, tomatitos y calabacines ecológicos de huerto esteponero y la exquisita y facilísima tarta (o torta) de dulce de leche cuya receta cogí del blog de Chica Perika y que os animo a hacer (luego he hecho otras variantes que realiza mi hermana con el mismo resultado, estupendo). 


Manjares varios
 - Y no menos importante, aunque se me olvidaban, ha sido arreglar mi bici, que llevaba casi dos años sin utilizar por unas pequeñas reparaciones que necesitaba y arreglar al fin la habitación leonera-para todo-acumula trastos-habitación de invitados y convertirla en un estudio que ha quedado bastante bonito, tras pintarlo, reorganizarlo, tirar mis cosas y poner un sofá cama nuevo. Para empezar el curso organizados. 

Y esto es todo, ahora deseando que llegue el otoño, que es mi estación del año preferida, lástima que se hayan acabado las vacaciones, aunque es mejor verlo como un principio que como un final, y este curso estoy segura de que va a  estar cargado de cosas buenas, o así lo espero. 

Feliz rentrée a todos o Feliz Año Nuevo, porque para mí y muchos de los que me rodean es ahora cuando comienza. 


domingo, 23 de agosto de 2015

VACACIONES DE VERANO VI


Maravillosa, Saint Sernin.

Llegamos a Toulouse el 13 de julio, el día antes de la fiesta grande de los franceses, de su fiesta nacional, así que la ciudad nos recibía engalanada para la ocasión. Esta ciudad estaba en nuestros planes por varios motivos, las ganas de conocerla, ya que tenemos unos amigos aquí (Estepona) que suelen ir cada verano (visitas familiares) y nos habían recomendado visitarla, es la cuarta ciudad mayor de Francia y además, estaban las ganas de reecontrarme con alguien. El año de mi llegada a mi centro actual trabajé con dos auxiliares de conversación majísimos, uno de ellos de Arcachon, ciudad que ya visitamos, aunque a él no pudimos verlo puesto que reside actualmente en Estados Unidos (cosas del amor), bastó con conocer su patria chica y le enviamos una postalita desde allí. Y M. una chica de Toulouse con quien hice muy buenas migas y con la que he seguido en contacto, aunque sin verla durante estos más de tres años. Ha sido un placer volver a verla, conocer a su chico y festejar con su familia el 14 de julio acudiendo a los fuegos artifiales junto al Pont Neuf para después tomarnos algo juntos y aprender de primera mano sobre esta ciudad y su gente. (Entre otras cosas su pasión por las canciones de Nougaro, un artista tolosano, ya fallecido, a quien admiran muchísimo).

Aquí os dejo una de sus más célebres canciones (que todos daban por hecho que debía conocer).


Toulouse es conocida con el sobrenombre de Ciudad Rosa, por el color característico de sus edificios, aunque a nosotros no nos lo pareció, la hubiéramos llamado mejor la ciudad naranja, o incluso marrón (aunque entiendo que esto último no suena muy bien).

Escultura en un parque, me encanta.
Llegamos por la tarde, nuestro alojamiento,  un apartahotel, el Adagio Access Toulouse Jolimont fue difícil de encontrar, pero fue más culpa nuestra que otra cosa. Resultó ser un sitio que estaba bastante bien, por su amplitud, la comodidad de la cama, la mini-cocina que nos permitía hacernos el desayuno o improvisar una cenita, pero sobre todo porque la puerta del hotel y la de la entrada al metro estaban al lado una de la otra, a 2 minutos, y eso nos facilitó mucho el movernos por la ciudad. Mencionar también el personal amabilísimo del establecimiento y que dispone de piscina, que con el calor que hacía en esos días era de agradecer, aunque nosotros ni la pisamos. Ya tenemos piscina aquí todo el año, y nuestro objetivo no era ir a Toulouse a tomar el sol o bañarnos.

Nuestra primera tarde en la ciudad fue un poco decepcionante para ambos. Pillamos todo cerrado, incluída la oficina de turismo cuando la encontramos (que no estaba muy bien señalizada), las tiendas, museos y monumentos para visitar, y había muy poca gente por la calle. Nos pareció una ciudad con poca vida. Nos dedicamos a pasear por la ciudad, ver las fachadas engalanadas para la celebración y nos dirigimos a ver (por fuera) esa joya del románico que es la basílica de Saint Sernin de Toulouse. Uno no puede visitar esta ciudad y venirse sin verla, es además una importante etapa en el Camino de Santiago. Paseamos por la Place du Capitole e hicimos fotos de su majestuoso Ayuntamiento. 

El Ayuntamiento engalanado.
El día siguiente sería mejor y nuestra visión de la ciudad cambió notablemente, una vez que en el hotel, visitando varias páginas de turismo sobre Toulouse, planifiqué mejor la jornada que nos esperaba.


Una de las visitas obligadas sería la del Museo Saint Raymond, siendo mi costillo arqueólogo unas horitas allí estaban garantizadas, y el museo bien  lo merece. El propio edificio que alberga la colección es ya de por sí un edificio histórico, siendo en la Edad Media una residencia universitaria. Situado junto a la basílica de St. Sernin. Es un museo arqueológico con una colección muy importante de restos principalmente romanos. Sería interminable que os relatara aquí todo lo que vimos, a mí me encantaron los mosaicos y algunas maquetas y recontrucciones, realizadas por un tal Denis Delpalillo, especialista en maquetas arqueológicas. La maqueta del ábside la primera iglesia de La Daurade , que también visitamos me gustó mucho. Por cierto, las chicas que nos atendieron en la recepción del museo y con las que luego hablamos un buen rato tras nuestra visita nos parecieron encantadoras. 


La iglesia de La Daurade, en la orilla este del Garona, junto al museo de Bellas Artes. Recibe el nombre del La Dorada por los mosaicos que antaño adornaban su interior, también en origen era casi circular (de planta decagonal), y la virgen que en ella se veneraba también desapareción en el siglo XIII. Os cuento todo esto, porque la iglesia que vemos hoy en día, muy poco ya tiene que ver con la de sus orígenes. En su interior, actualmente, se venera a una virgen negra (Nuestra Señora de la Dorada) a quienes principalmente van a ver las mujeres embarazadas para pedirles por un buen embarazo y el nacimiento de un niño fuerte y sano.

El conjunto conventual de los jacobinos es de lo que más me gustó, junto al museo arqueológico. Buen ejemplo de arquitectura gótica, con un claustro precioso, en su mayor parte reconstruido, ya que tras la revolución francesa se vio muy afectado. Con varias intervenciones arqueológicas y de reconstrucción que se explican al visitante mediante unos audiovisuales que se pueden ver y oir individualmente en nuestro recorrido por el claustro. En la cripta del convento descansan los restos de Santo Tomás de Aquino. Además de su claustro, lo que más llama la atención es una bóveda de 22 metros de altura sostenida por una columna estrellada de once brazos y que se conoce como la palmera, porque esa es la impresión visual que da al visitante al contemplarla desde abajo. Las pinturas murales que decoran la capilla de St. Antonin también son una maravilla. Es además un buen lugar para resguardarse el calor, ya que en el claustro hay colocadas unas tumbonas comodísimas de tela y madera para el mejor reposo del visitante.

Palmeras, convento jacobinos.
Y no puede faltar un paseo por el viejo Toulouse y sus palacetes renacentistas, nosotros visitamos el
hotel d' Assézat (actual sede de la fundación Bemberg). Estos palacetes fueron construidos como vivienda para burgueses, mercaderes principalmente, que en Toulouse y durante este período se enriquecieron gracias al comercio del pastel (tinte de tono azulado usado para teñir telas).

Palacio de Assézat.
Pasear a orillas del Garona o por el Canal de Midi (Patrimonio Mundial de la Humanidad) son otras propuestas, si bien nosotros el Canal de Midi lo descubriríamos a su paso por Carcassonne, en nuestro siguiente destino.

La catedral de St. Étienne y su entorno. Con dos partes muy diferenciadas, una parte románica en la zona de la nave; y una parte gótica en el coro. Unos enormes contrafuertes en su exterior. Decir de ella que es una catedral rara, no parece muy acertado, pero la mezcla de estilos y de etapas le otorga un aire extraño, una mezcla y unas desigualdades, que si bien hacen de ella un edificio original, a mí no termina de convencerme.

Contrafuertes de la catedral

Alrededores de la catedral, ¿ciudad rosa?
No se me puede olvidar un buen lugar para comer, nosotros, animados por nuestroa amigos esteponeros nos decidimos por visitar L'entrecôte, un lugar al que no acudir si eres vegetariano o no te gusta la carne. Es un restaurante de plato único, lo que significa que allí todo el mundo come lo mismo. De primero, una ensalada con nueces, algo simple pero delicioso (por la materia prima), luego aparecen con un entrecôte, y lo único que decides es si lo quieres poco, muy hecho o al punto, acompañado de unas ricas patatas fritas a voluntad (todas las que quieras ir comiendo). Cuando trajeron mi plato me pareció grandé, pero al momento la camarera apareció con otra cantidad de carne similar que colocó en una bandeja metálica con unas velitas debajo para que me lo sirviera cuando acabara el primero, y luego vendría lo mejor, la carta de postres, ahí sí que se puede elegir, hay variedad, y los dos postres que probamos estaban exquisitos (fondant au chocolat maison et vacherin au chocolat).

A pesar de que no fue un amor a primera vista  ha resultado ser una ciudad que me ha gustado mucho y a la que me gustaría volver en otra ocasión, con menos calor y durante el curso, porque es sobre todo una ciudad universitaria y estoy segura de que con más vida debe ser mucho más animada. Eso sí, toda la gente que no habíamos visto salió de sus casas el 14 de julio por la noche para celebrarlo junto al Pont Neuf, con un magnífico espectáculo de fuegos artificiales y como fundo musical bandas sonoras de películas archiconocidad, todo un espectáulo pero con demasiada gente (al menos para mí, que suelo ir de las multitudes). 

Si vais en otra época, no dejéis de probar el cassoulet, a nosotros con estas calores no se nos apetecía, por más que nos insistieran. Es básicamente un guiso con alubias blancas y carne de cerdo, principlamente, junto a confit de pato, tocino magro y otras partes, mayormente grasientes, de animales. Algo similar a nuestros potajes o cocidos. Como somos de buen yantar nos hemos traído varias latas, con distintos tipos de cassoulet para degustar cuando las temperaturas vayan bajando, que mi amiga S. me ha dicho que los suele hacer al horno y están riquísimos (en plan fabada asturiana de lata). Ya sé que no será lo mismo, pero de verdad que no me apetecía ni mirar el plato.

Nos vemos en Carcassonne.